Por qué los padres no debemos cargar con la mochila de nuestros hijos

Por qué los padres no debemos cargar con la mochila de nuestros hijos

Un nuevo septiembre, un nuevo inicio de curso que preparar en casa. Libros, libretas, blocs y estuches repletos de materiales se convertirán en compañeros de viaje cotidianos para nuestros hijos durante los próximos diez meses. Por las mañanas nos encontramos por el camino a muchos adultos que acompañan a sus menores al colegio. Podemos reparar en un detalle: ¿Quién lleva la mochila, cartera o carrito del escolar? Al medio día, de regreso a casa, podemos observar lo mismo.

Me da mucho que pensar cuando, día tras día, veo a los padres y abuelos llevando las mochilas de sus menores, en ocasiones van cargados a dos manos. Se suele ver tanto en el transporte de las mochilitas de niños de Educación Infantil, como en los carros de los de Primaria (incluso en los hombrecitos y mujercitas de 11 y 12 años de los cursos superiores de esta etapa).

Cuando abordo este tema en las tutorías grupales con los padres suelen esgrimir que lo hacen porque “pesan mucho”, porque “vamos más rápido por la calle”, para “evitar discusiones y conflictos”, porque “pobrecillos, están muy cansados” o porque “si no me cuesta trabajo”. Cuando lo trato con el alumnado en el aula te suelen decir “pesa mucho”, “siempre me la han llevado”, “así puedo ir jugando por la calle”, incluso quienes te reconocen que “no la llevo porque no me da la gana”. No me gusta esa imagen, algo falla.

¿En verdad cargan todos los días tantos libros que se hace imposible que el alumno no pueda soportar el peso de llevarla? En este caso, si eso es así, error del docente o de la estructura escolar. Entiendo que los maestros debemos tener en consideración la cantidad y el peso de los materiales escolares que, diariamente, los alumnos de cada edad puedan asumir. ¿Y si hiciésemos una regla del tres y calculásemos el peso que tendría que transportar cada adulto?

Pero tengo la intuición, en lo que alcanzo a conocer, de que no es exclusivamente así. Tengo la sensación de que, aunque el peso fuese el correcto y recomendado, muchos de esos adultos seguirían cargando con las mochilas de sus menores o, incluso, la pelota, la rebeca, el abrigo, el paraguas, el material de las extraescolares, la muñeca o el juguete. Incluso cuando van al colegio en coche se la llevan en ese breve trayecto que puede haber desde el lugar en el que está estacionado el vehículo hasta el colegio y viceversa.

Mochila de los niños

Es curioso cómo podemos comprobar que dentro del recinto escolar los niños llevan la mochila perfectamente y en cuanto salen lo primero que hacen es poner el carrito junto al adulto para que se lo traiga de vuelta a casa. Y, desde mi punto de vista, lo considero una equivocación. Me parece una muestra de uno de los errores que comete la sociedad en la que vivimos: la sobreprotección, el exceso de paños calientes y evadir a los menores de manera continua de sus responsabilidades.

Una de las misiones que tenemos los padres es ayudar a nuestros hijos a espabilar, a saber desenvolverse en la vida de manera autónoma y responsable. Hay pasos que debemos ir dando que pueden ayudar a conseguir este objetivo: vestirse, comer, ordenar su cuarto, realizar tareas del hogar, ducharse, estudiar. Son cometidos que deben partir de nuestra enseñanza con total supervisión a una gradual implicación y realización por parte de ellos. Considero que algo similar ocurre con el hecho de llevar sus pertenencias por la calle.

Entiendo que cada cual debe cargar con su mochila y cuanto antes lo haga, mejor. Lo digo con alegría, con una sonrisa en los labios, creo que es un mensaje lleno de optimismo y confianza. Ya desde infantil, nuestros hijos pueden llevar perfectamente sus cosas. Si desde estas edades los educamos en ese hábito, estaremos ayudándoles a crecer en su proceso madurativo, reforzando su autoestima.

Lo constructivo es educar a cada niño, a cada adolescente, a cada joven, a ser el responsable de sus cosas. No debe ser un tedio o un castigo como consecuencia de un mal comportamiento; debe ser transmitido como un logro de autonomía y de confianza en sus posibilidades. Será un pasito dado para ayudarle a fortalecer la voluntad de llevar “la mochila de su vida”.

Daniel Pareja Rivas
Docente y autor de libros sobre educación

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