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Abuso sexual entre iguales: por qué se produce y qué hacer en estos casos

El concepto de abuso sexual entre iguales hace referencia al que se produce entre menores de edad. Tristemente, es una situación mucho más habitual de lo que podríamos pensar. Se estima que un 20 % de los niños sufre este tipo de violencia, y parte de ese porcentaje se da entre ellos. 

“La profesora camina por el pasillo, y al pasar por delante de los aseos, escucha algo raro. Abre la puerta y, sorprendida, ve a un alumno de 13 años con los pantalones medio bajados y a una niña de 6 años. Les pregunta qué hacen allí y la niña se encoge de hombros, al tiempo que el chico baja la mirada y guarda silencio avergonzado.”

Este relato refleja una realidad más frecuente de lo que cabría imaginar. A continuación, la analizamos con detalle.

¿Qué es exactamente el abuso sexual entre iguales?

Para poder ser considerado como tal y no, por ejemplo, encuentros sexuales o juegos exploratorios, debe reunir alguna de estas características:

  • Que exista una diferencia de edad de al menos 6 años entre los niños, como en la historia narrada anteriormente.
  • Que se dé una desigualdad de poder, aunque tengan la misma edad. Por ejemplo, un adolescente de 12 años que realiza tocamientos a una niña de la misma edad con discapacidad intelectual.

En ocasiones esta situación se produce dentro del mismo entorno familiar, lo que hace que muchas veces se oculte y no se aborde adecuadamente. Puede darse, por ejemplo, entre hermanos o entre primos.

¿Qué conductas podemos considerar como abuso sexual entre iguales?

Es cierto que durante la infancia y el proceso de desarrollo hormonal son habituales las interacciones de tipo exploratorio con otros niños. Mirarse los genitales, enseñarlos o, incluso, tocarse con curiosidad forman parte de esta etapa del crecimiento. Son aceptables siempre que se den entre menores de la misma edad o sin desigualdad de poder.

Son prácticas que forman parte del descubrimiento y la maduración sexual, más que acciones destinadas a obtener placer. La mayoría de las veces ni siquiera hay excitación o componente erótico.

Cuando hablamos de abuso sexual, la intencionalidad es otra, y podríamos incluir:

  • Exhibición de las partes íntimas.
  • Pedir que les muestren las partes íntimas.
  • Tocamientos, frotamientos.
  • Introducir objetos o partes del cuerpo en los genitales.
  • Besos en la boca o genitales.
  • Sexo oral.
  • Exposición a contenidos pornográficos: vídeos, películas, imágenes.
  • Penetración vaginal u anal.

¿Por qué se cometen estos abusos?

Son varias las causas que se pueden esconder detrás de un agresor sexual.

1. La falta de educación en esta materia

Los niños están sobreexpuestos a contenidos eróticos, pero al mismo tiempo, carecen de una adecuada educación sexual.

2. Ser una víctima

El haber padecido abusos también es una de las posibles causas de cometerlos. En estos casos, se produce una hipersexualidad y una sexualización traumática, que desagraciadamente conduce a las víctimas a incurrir en los mismos actos que han sufrido.

3. Problemas psicológicos

Es posible que detrás de estas conductas haya algún trastorno, malestar emocional u otros conflictos. Proceder de una familia desestructurada es otro factor condicionante.

4. Normas extremadamente rígidas

Una educación o moralidad excesivamente represiva puede conducir al niño o adolescente a dar salida a sus impulsos sexuales de una manera inadecuada.

5. La cultura machista

Los principios machistas, y más aún si existe una tolerancia hacia violencia contra la mujer, son situaciones que también la favorecen.

¿Son conscientes de lo que hacen?

Es muy difícil determinar el grado de consciencia que un niño tiene cuando lleva a cabo determinadas conductas sexuales. Depende mucho de la edad, la capacidad de razonamiento y su madurez.

Otra duda que nos puede asaltar como padres está relacionada con el futuro. Quizá nos preguntemos si el hecho de que nuestro hijo haya cometido abuso sexual, o practicado acciones inapropiadas en este ámbito, influirá en que de mayor se convierta en un agresor sexual.

¿Qué podemos hacer?

Abordar este problema requiere que tanto la familia como la comunidad educativa asuman la responsabilidad. Mirar hacia otro lado no ayudará en nada a nuestro hijo.

No se trata de juzgar al menor o estigmatizarlo. El primer paso imprescindible es la admisión de la responsabilidad. Y después, ofrecerle el apoyo psicológico y la educación sexual que necesita para vivir una sexualidad plena y sana. Esto incluye, por supuesto, no agredir a otros.

En el abuso sexual entre iguales siempre hay dos víctimas. Tan importante es tratar al niño que los ha sufrido como al que los ha cometido. Ambos forman parte del mismo problema.

Úrsula Perona
Psicóloga infantil
Colaboradora de Sapos y Princesas

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