Escapada en familia a un pueblo francés

Escapada en familia a un pueblo francés

Francia tiene mucho más que ver aparte de París, Lyon, Niza o Versalles. Si aún no tenéis plan para estas vacaciones y os habíais propuesto viajar a algún país vecino, os planteamos que hagáis una pequeña escapada a un pueblo francés. La gran ventaja que nos brinda este territorio es el hecho de poder ir en coche o en auto caravana y evitar así la larga espera de los aeropuertos. Estos lugares son tan increíblemente bellos que parecen sacados de un cuento o de una postal. Desde Sapos y Princesas os hemos preparado esta selección de los más interesantes.

Cerca de la frontera con España

1. Ainhoa

Situado en el País Vasco Francés, Ainhoa es uno de los municipios más bonitos de la zona. Formado por una sola calle, sus casas son el ejemplo perfecto de la arquitectura local, con piedra en las esquinas y las contraventanas en madera de tonos rojos o verdes. Tiene tan solo 650 habitantes y sirve como lugar de hospedaje para los peregrinos del Camino de Santiago.

En este pequeño pueblo francés hay que ver la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, construida en el siglo XIII. Está rodeada por el cementerio, que cuenta con lápidas tradicionales de los siglos XVI y XVII. Al final de la calle principal se encuentra el lavadero Alaxurruta, famoso por ser visitado por Napoleón III y su esposa, la emperatriz Eugenia, en 1858.

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Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción en Ainhoa | Fuente: Página Oficial Guía de Viaje del País Vasco

2. Carcassonne

Declarado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad en 1997, este pueblo francés es un importante enclave medieval que tras sus murallas esconde rincones con verdadero encanto. Carcassonne se puede ver en un día pero, al recibir tantos turistas, os recomendamos pasar una noche para que podáis conocer todo tranquilamente.

La Ciudadela es la parte más importante y conocida. Se divide en dos partes: Ciudadela y Bastida de San Luis, conectadas por el Puente Viejo. Podría decirse que es la zona más frecuentada por los extranjeros. Está protegida por dobles murallas, su trazado es puramente medieval y su extensión es de tres kilómetros. En su interior alberga el Castillo, erigido por los vizcondes de Trancavel en el siglo XIII; y la Basílica de Saint-Nazáire, antigua catedral de Carcassonne perteneciente al siglo XII.

Son importantes también la Iglesia de San Vicente, de estilo gótico languedociano que alberga un carrillón con 47 campanas; y la Catedral de San Miguel. Esta última es el principal edificio religioso, de estilo gótico.

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Castillo de Carcassonne

3. Rocamadour

Este pueblo francés es conocido como ciudad sagrada y punto de peregrinación. Está emplazado sobre un acantilado de piedra caliza y su santuario de la Virgen Negra hace que cada año reciba infinidad de turistas, siendo el segundo emplazamiento más frecuentado después del Monte Saint-Michel.

Para llegar a su conocida plaza de las iglesias, hay que subir 216 peldaños en la Gran Escalera. Una vez allí, encontraréis siete santuarios diferentes, entre los que destacan la capilla de Notre-Dame, o capilla milagrosa donde se aloja la famosa Virgen Negra que data del siglo XII; la basílica de Saint-Sauveur y la capilla de Saint-Michel.

Las murallas son el punto más alto del municipio. Desde ellas podréis contemplar una fabulosa panorámica del conjunto del sitio, así como del cañón del Alzou y los paisajes protegidos del Parque Natural Regional de Causses du Quercy.

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Vista general de Rocamadour

4. Conques

Es parada obligatoria en todo viaje al sur de Francia. Situado en medio de la montaña y rodeado de frondosos bosques, Conques es una pequeña aldea en la que parece que no haya pasado el tiempo.

Os recomendamos ir a su mirador principal ya que desde él podréis observar unas espectaculares y preciosas vistas panorámicas. Las puertas de la muralla de Conques os darán la bienvenida y en el camino, os encontraréis con fuentes que datan del siglo XII como la de Plo.

El gran monumento es su abadía, de estilo románico, cuyas dimensiones alcanzan los 22 metros de altura. En su interior se encuentra el fantástico Pórtico del Juicio Final. Si os queda tiempo, no dudéis en ir al Museo de los Tesoros, que albergan una colección de relicarios pertenecientes a los siglos VI y VII.

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Abadía de Conques

5. Cordes sur ciel

Es otro famoso pueblo francés de estilo medieval amurallado. La mejor panorámica del mismo la podéis conseguir desde la colina Pied Haut, muy cercana al municipio.

Una vez en Cordes sur ciel, deberéis ascender por la calle de la Barbacana a través de la cual accederéis a la muralla. El eje central lo forma la plaza principal, con jardines y rodeada de columnas del antiguo mercado del siglo XV. Al lado de ella se abre camino la Iglesia de San Miguel, que fue edificada entre los siglos XIII y XV. Caben destacar también las fachadas de las mansiones, populares porque se entremezclan las etapas del estilo gótico, desde el primitivo del siglo XIII hasta el flamígero del XV.

Durante los días 13 y 14 de julio tiene lugar la fiesta medieval del Gran Cetrero, fecha destacada para programar una visita a esta zona tan maravillosa.

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Vista general de Cordes sur ciel

6. Roque-Gageac

La particularidad de este pueblo francés es su ubicación, pues se encuentra alineado entre la base de un alto desfiladero y a las orillas del río Dordoña. Esta ubicación hace que Roque-Gageac disfrute de un micro-clima, dada su orientación sur. Más allá de conocer sus sitios clave, la mejor manera de verlo es navegando por el río a bordo de las tradicionales gabarras (embarcación típica).

Los Jardines de Marqueysaac son un curioso rincón que merece la pena conocer, ya que ofrecen un horizonte espectacular del valle del Dordoña. Por su parte, el Castillo de Castelnaud la Chapelle se encuentra en lo alto de una colina, está totalmente reconstruído y en su interior hay una exposición de armas medievales. Destaca también el Castillo de Malartrie, que se encuentra a las afueras. Su obra comenzó en el siglo XIX y se terminó en 1920. Es de estilo neoclásico pero inspirada en el de la época renacentista.

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Roque-Gageac a orillas del río Dordoña

Valle del Loira

7. Nantes

Aunque Nantes es más bien una ciudad y no un pueblo francés como tal, merece la pena conocerlo. Es una de las metrópolis que ha crecido más rápido en toda Francia y aúna lo mejor del Art Nouveau. Se puede ver perfectamente en un par de días y tiene varios puntos de interés turístico.

En la Place Graslin está el colorido y característico teatro del mismo nombre. Si tenéis oportunidad, en la misma plaza está el famoso restaurante La Cigale, abierto desde 1895 y que es una auténtica preciosidad. El Passage Pommeraye fue creado en 1843 y se conserva tal cual. Es la galería con más estilo de la ciudad. Destacan también el Castillo de los Duques de Bretaña, fortaleza medieval y palacio ducal  del siglo XIII y la Iglesia de San Nicolás, de estilo neogótico perteneciente al siglo XI. Si queréis una perspectiva privilegiada del entorno, no dudéis en subir a la Torre Bretaña, único rascacielos de Nantes que, además, cuenta con un mirador 360º.

Una parada obligatoria al ir con niños son las Máquinas de la Isla. Se encuentran en la isla de Nantes, isla fluvial en el cauce del río Loira que constituye uno de los barrios de la ciudad. Son enormes figuras con forma de animales y estructura metálica, con mecanismos diseñados para que se muevan e interactúen con los visitantes. Una de ellas es un elefante de doce metros de altura y 40 toneladas.

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Máquinas de la Isla de Nantes

Región de Alsacia

8. Riquewihr

Esta ciudad fortificada llena de viñas es una joya de Alsacia. Abundan los colores y las fachadas decoradas con antiguos rótulos y ventanas saledizas. Las flores y plantas trepadoras enfatizan su encanto.

Lo mejor para descubrir los rincones de este magnífico pueblo francés es pasear por sus pintorescas calles empedradas y admirar sus coloridas casas. En su parte más baja se encuentra el Ayuntamiento, edificio neoclásico de 1809. Cerca de él está la calle General de Gaulle, eje central que atraviesa todo. En esta calle hay muchas viviendas que llaman la atención. Son de los siglos XVI y XVII y algunas han recibido una segunda vida convirtiéndose en restaurantes o tiendas artesanas. Entre las más famosas destacan la Maison Dieffenbach o la Maison Au Nid de Cigognes.

En la zona más alta hay una bonita plaza en cuyo centro está la Fuente Sinne. En este mismo enclave se levanta la Torre Dolder, del siglo XII embellecida con un reloj y una campana. Merece la pena ir a la Rue des Trois Églises, que aloja las tres iglesias: Notre Dame, San Erard y Santa Margarita.

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Casas típicas de colores en Riquewihr

Región de Bretaña

9. Rochefort-en-terre

Fue catalogado en el año 2016 como el más bonito de Francia. Su mayor característica son las múltiples flores que lo adornan y sus casas de granito con tejados de pizarra. Os recomendamos que vayáis en primavera para disfrutar de la flora en toda su plenitud.

Un enclave curioso es la iglesia Notre Dame le la Tronchaye, ubicada por debajo de la Ciudadela y edificada en cuesta. En su vidriera se representa la historia de una leyenda popular: al ser atacados por las invasiones normandas, un sacerdote escondió una representación de la Virgen y el Niño en un tronco de madera para ponerla a salvo. Dos siglos después, una pastora la encontró y por ello, se erigió la iglesia.

Su fortificación cuenta con un bonito castillo que comenzó a levantarse en el siglo XII. Fue derruido y reconstruido en múltiples ocasiones. Actualmente es propiedad el pintor americano Alfred Klots. Los jardines están abiertos al público y la entrada es gratuita.

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Plaza de Roquefort-en-terre

Región de Normandía

10. Mont Saint-Michel

Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1978, es uno de los sitios más visitados de Francia. Este espacio es, ante todo, un punto sagrado y lleno de historia.

El elemento central y principal es su abadía benedictina, construida en 966 a la que poco a poco se le fueron añadiendo los demás elementos que la componen. La iglesia abacial románica y los edificios del convento son de los siglos XI al XII; mientras que los del claustro y refectorio entre el XIII y el XVI. Los edificios de protección militares son del siglo XIV, que preservaron el Monte durante la Guerra de los Cien Años.

Para recorrer la abadía os recomendamos que contratéis un guía. Aventurarse solo además de estar prohibido es muy peligroso. Las mareas que rodean este maravilloso enclave, son las más fuertes de toda Europa, por ello vale la pena informarse de los horarios de subida y de bajada. No hay que olvidar que cuando el agua se retira, quedan al descubierto más de 250.000 hectáreas de heno, hierba, arena y ríos. Esto forma las temidas arenas movedizas, por lo que hay que extremar la precaución.

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Abadía de Mont Saint-Michel

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